La muerte de un héroe

Es viernes, 25 de agosto de 2012. Son casi las 10 de la noche en Marsella y Neil Armstrong acaba de morir.

El primero en dar la noticia, por lo menos en el TimeLine de mi Twitter, ha sido Reuters. Inmediatamente, un torrente de ecos, tweets y condolencias ha estallado en la red. Y es que Neil Armstrong era Neil Armstrong.

La carrera espacial se desarrolló mucho antes de que yo naciera. Era 1961 cuando Yuri Gagarin hacía historia convirtiéndose en el primer ser humano que abandonaba la Tierra y 1969 cuando Armstrong pisaba la Luna mientras decía aquella frase que se convirtió en emblema: “That’s one small step for a man, one giant leap for Mankind”

 

Con aquellas palabras, Armstrong se desmarcaba del papel protagonista que le había tocado jugar. Los que le conocieron le describían como un hombre modesto y tímido, que nunca quiso la fama para sí. Con aquella celebérrima frase, Armstrong nos decía “estoy aquí porque me ha tocado: éste es un logro de todos”.

Y lo era, por supuesto. Armstrong no hubiera llegado allí de no ser por un impresionante equipo de científicos, pilotos e ingenieros. Tampoco hubiera llegado allí sin apoyarse en los hombros de Gagarin y los demás miembros del programa espacial de la URSS. Nunca está de mal recordar que, aunque los EEUU dieran el golpe de efecto llegando los primeros a la Luna y transmitiéndolo por televisión a todo el mundo, los soviéticos habían sido los primeros en lanzar un satélite artificial, lanzar un ser vivo al espacio, orbitar el Sol, llegar a la Luna en nave no tripulada, lanzar el primer hombre (Gagarin) y la primera mujer (Valentina Tereshkova) al espacio, dar un paseo espacial y llegar a otro planeta en misión no tripulada.

Todos estos logros fueron olvidados por el gran público en cuanto la huella de Armstrong quedó marcada sobre la superficie lunar. Eran los tiempos de la guerra fría y lo que le importaba a todo el mundo era que EUA había llegado antes que la URSS. Armstrong, sin embargo, no dijo “America”, sino “Mankind”, “Humanidad”, Armstrong cambió el siempre presente “God bless America” por un discurso incluyente, haciendo de su logro el de toda la Humanidad. Y, al hacerlo, se convirtió en algo más que un astronauta: se convirtió en un símbolo.

Tampoco sobra recordar que, 51 años después de la órbita de Yuri Gagarin y 43 después del logro de Armstrong, la exploración espacial, tan prometedora en la década de los 60, pasa por horas bajas. La falta de un beneficio tangente e inmediato ha conducido a repetidas reducciones de presupuesto. Y, aún así, la carrera espacial ha sido el origen de muchas de las tecnologías de las que disfrutamos en nuestras vidas cotidianas.

Gente como Armstrong y Gagarin son las cabezas visibles del trabajo de cientos de miles de personas. De científicos, ingenieros, técnicos, pilotos y astronautas que trabajan, día a día, para desarrollar soluciones a algunos de los más complejos y delicados problemas a los que nos hemos enfrontado nunca. Días como el 21 de julio de 1969, o como el reciente aterrizaje de la MarsCuriosity en Marte, nos recuerdan que todo ese trabajo merece la pena.

Con Armstrong muere algo más que una persona: muere un símbolo. El símbolo de la carrera espacial, de la exploración del sistema solar y del trabajo duro, constante, sin esperar de él la fama o la gloria, sino por el bien de la Humanidad.

Por eso hoy ha muerto un héroe, un inmortal. Porque, por muchos años que duremos, por muy lejos que lleguemos, la gente como Gagarin, como Armstrong, siempre serán los primeros.

Fuentes: La Información, La Pizarra de Yuri, NASA, Neil Gaiman’s JournalWikipedia, Youtube

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